Resumen: Las «fuerzas productivas de nueva calidad» constituyen una palanca estratégica para que China logre un salto cualitativo en su capacidad productiva. La planificación espacial debe orientar activamente la implantación de las energías renovables, en particular la eólica y la solar, y utilizar la energía como medio para favorecer la formación de fuerzas productivas de nueva calidad. El artículo examina las relaciones entre fuerzas productivas, energía y espacio. Sostiene que las energías renovables son una condición fundamental para el desarrollo de dichas fuerzas: históricamente, las transformaciones cualitativas de la productividad han ido acompañadas de cambios en las formas energéticas dominantes. La transición energética también modifica los usos de la superficie terrestre. La energía eólica y solar alteran la lógica espacial de los sistemas energéticos convencionales y dan lugar a una nueva modalidad de uso del suelo —la «producción energética espacial»— que redefine el valor del espacio y pone a prueba los sistemas existentes de utilización territorial. Sobre esta base se construye un marco analítico «fuerzas productivas–energía–espacio». La planificación espacial territorial asume una responsabilidad importante en la gestión de los recursos energéticos distribuidos por todo el territorio chino; sin embargo, los conceptos e instrumentos heredados de la era de los combustibles fósiles se ajustan cada vez menos al desarrollo de las energías renovables. Por ello, es necesario volver a la relación fundamental entre producción energética y espacio e innovar en las concepciones espaciales, los métodos analíticos, los instrumentos de planificación y los mecanismos de implementación.
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